La ropa que vestimos, los zapatos que nos pusimos, el ambiente que respiramos, las lluvias que nos mojaron, la arena que pisamos, el agua que bebimos, la comida que comimos, los paisajes que vimos, las cosas que oímos, las películas que vimos, los libros que leímos, la música que escuchamos, la gente que nos rodeó, los amigos que tuvimos, los juegos a los que jugamos...
Quizás, esas cosas no debamos olvidarlas jamás, porque, aunque "el pasado forma parte del pasado", el pasado es lo que fuiste y lo que te hizo ser lo que hoy eres. Déjalo ahí, atrás, que es donde debe estar, pero no lo olvides. Se supone que está fijado, que nadie te lo puede quitar, pero no te fies de nada de lo que te digan. Tú fíjalo, pégalo a tu memoria, utiliza fiso, pegamento, grapas, silicona, púas, tornillos, lo que quieras. Pero asegúrate de que nadie sea capaz jamás de arrancarlo de ahí, porque es tuyo, y es lo único que verdaderamente te pertenece.