viernes, 31 de diciembre de 2010


El 2010 ha dejado momentos incontables, y es que 1 año, 12 meses, 365 días, 8760 horas, 525600 minutos o 31536000 segundos dan para mucho.

He tenido miedo muchas veces, a arriesgarme, a hablar o a decir algo que pudiese echarlo todo a perder, que pudiese hacer daño a alguien o que me destrozase a mí misma, porque a veces cuando oyes salir de tu boca ciertas palabras duelen más que si las tienes en tu cabeza, y viceversa, y el problema está en que no sabes que hacer con ellas. No me acuerdo cómo empecé el año, se que ha acabado bien. He vivido experiencias increíbles que nunca pensé que tendría la oportunidad de hacerlo, como yo digo, me he hecho mayor. Conservo las amistades importantes, he conocido personas increíbles que se convertirán seguro en grandes amigos y tengo una madre y una familia que se merecen el mundo entero. ¿Puedo pedir algo más? Nos pasamos la vida quejándonos de lo que no tenemos en lugar de disfrutar lo que nos pertenece. Yo este año he aprendido eso, lo que tengo tiene un valor incalculable y tengo que disfrutarlo. Y lo que venga, bienvenido sea.



No hagas planes, todo cambia en cuestión de segundos, a veces todo cambia muy rápido.
¡FELIZ 2.011!